Han pasado más de 20 años desde que comencé a ejercer la docencia, durante este tiempo he tenido la fortuna de compartir con todo tipo de docentes y en todos los niveles educativos: desde básica primaria hasta la educación superior.
Por: Freddy Alfonso Salazar
Dicha experiencia me permitió llegar a la conclusión de que no todos ellos estaban listos para ser docentes e incluso algunos nunca debieron serlo. No obstante, muchos de los docentes sin vocación, disposición e incluso formación, aún hoy ejercen la docencia. Triste, preocupante y cierto.
Entonces, haciendo a un lado el tema de la formación académica, puedo decir que la actitud o postura de algunos maestros frente a la enseñanza ha sido atravesada por los salarios bajos, las extensas jornadas, el exceso de formatos, la falta de apoyo de los padres de familia o la falta de recursos invertidos por las instituciones en infraestructura y herramientas tecnológicas. Este ha sido el tema central de conversación en los pasillos de todas las instituciones en las que he trabajado y las razones que siempre dan frente a la falta de interés porque sus estudiantes realmente aprendan.
Al respecto, nace la duda sobre el por qué se siguen repitiendo estos temas en mega colegios o incluso en universidades de gran nivel donde los docentes disponen de un sinnúmero de herramientas, son bien pagos y tienen contratos que les dan la seguridad y estabilidad necesaria. ¿Por qué el tema de pasillo sigue siendo el mismo? ¿Por qué no surge en ese contexto el interés por las nuevas metodologías de enseñanza – aprendizaje, o de su pertinencia, o incluso, de las nuevas estrategias que el docente debe implementar en el contexto colombiano?
Pues bien, tal parece que la razón de la actitud de gran parte de los docentes, se debe a la estigmatización de la profesión, que siendo tal vez la más importante dentro de una sociedad, no se concibe como tal por la mayoría de los ciudadanos. En tal caso, muchos afirman amar la docencia porque permite un ingreso adicional y no por el valor o la importancia real que esta tiene para la sociedad, sobretodo en edades tempranas que es donde más experiencia, conocimiento y dedicación se requiere.
De tal manera, surgen los diferentes perfiles docentes, y no por el tipo o nivel de formación sino por su forma de ejercer la profesión. En primer lugar, se encuentran los profesores facilistas, amados y exaltados por sus estudiantes en tanto el fin último en el tiempo con ellos es pasarla bien un rato, sus estudiantes suelen emplear frecuentemente frases como: “profe no revise la tarea”, “profe no haga clase”, o “profe déjenos salir al parque” y al obedecer estas órdenes de sus aprendices, adquieren popularidad o afecto de su parte.
En segundo lugar, están los profesores que rigen su metodología por la ley del menor esfuerzo y ni la popularidad les interesa, se conforman con dejar año tras año los mismos viejos talleres de hace 20 años, los cuales revisan, retroalimentan y califican los mismos estudiantes; y en tercer lugar, puedo finalizar este recuento de los docentes sin vocación citando uno de los perfiles más recientes que corresponde al profe cuentero, que con tal de tener entretenido a sus estudiantes modifica los contenidos históricos o científicos a su propia conveniencia y termina narrando maravillosas historias muy alejadas de la realidad. Historia que sus estudiantes repiten, pero no ven bien calificadas en pruebas estandarizadas u otro tipo de pruebas que requieren las habilidades y conocimientos desarrollados por el estudiante durante los 11 o 12 años del colegio.
Así, la invitación es para aquellos docentes que realmente aman su profesión, una invitación a marcar la diferencia sin importar lo divertido o aburrido que le pueda parecer a sus estudiantes, a implementar estrategias digitales que contribuyan con el aprendizaje; a evaluar permanentemente no solo a los estudiantes sino a sí mismo y la pertinencia de su metodología enseñanza – aprendizaje teniendo en cuenta el contexto y la población con la cual trabajan; a formarse permanentemente, no por un escalafón más, sino por poner al servicio de los estudiantes nuevos conocimientos, nuevas herramientas, nuevas estrategias para enfrentarse a la vida y al contexto social que los rodea no solo en la cercanía, sino en otras partes del mundo, de tal manera que puedan ser competitivos y tener de paso una buena calidad de vida.